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La Comisión Teológica Internacional (CTI) ha publicado el documento «Cuidar nuestra Casa común – Respuesta responsable y fraterna al Dios trinitario», un texto impulsado y autorizado por el Papa León XIV que aborda de manera profunda la crisis socio-ambiental actual desde una perspectiva teológica, espiritual y pastoral.

El documento parte de un diagnóstico claro: la humanidad se encuentra inmersa en una triple mutación que ha erosionado la percepción espontánea de la naturaleza como don divino, imponiendo una visión depredadora y antropocéntrica que ha desencadenado una crisis planetaria sin precedentes.

Claves del documento para una conversión ecológica

  • Todo está interconectado: La creación lleva una impronta trinitaria que se refleja en la sacramentalidad y en la interrelación profunda de toda la vida.
  • Escuchar el grito de la Tierra y de los pobres: Ante los alarmantes datos sobre la pérdida de biodiversidad, la contaminación, la degradación del agua y las consecuencias destructivas de la guerra, la CTI insiste en que las soluciones meramente técnicas no son suficientes. Se requiere una transformación profunda de los valores culturales y espirituales.
  • Antropocentrismo situado y el principio sabático: Frente a los extremos del dominio absoluto y el biocentrismo, se propone el modelo del ser humano como administrador y servidor de la Creación. Asimismo, se rescata el principio sabático como una pausa necesaria para respetar los ritmos de la Tierra y liberarnos del afán de poseer y agredir.
  • El pecado contra la Creación y el Creador: El texto conceptualiza el daño ambiental como un rechazo al designio divino, exigiendo a los responsables públicos y a la sociedad una acción urgente en favor de la sostenibilidad y la habitabilidad de nuestra Casa Común.

Un llamado desde la perspectiva latinoamericana y eclesial

Este documento refuerza el caminar de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), que desde los territorios ha insistido persistentemente en que la defensa de la Amazonía y de los biomas del mundo no es solo una estrategia ambiental, sino un imperativo evangélico ineludible. El cuidado de la naturaleza y la opción preferencial por los pobres son caras de una misma moneda en la respuesta fiel al Creador.

El texto concluye con una nota de esperanza, recordando que la fe en Dios —quien hace nuevas todas las cosas— impulsa un compromiso renovado por la vida, la justicia social y la fraternidad universal.

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