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Caracas– Un nuevo informe de las Naciones Unidas, titulado «Estado de la financiación para la naturaleza 2026», revela una alarmante contradicción en la economía global: mientras el mundo busca soluciones para la crisis climática, los flujos financieros que dañan los ecosistemas superan los 7 billones de dólares anuales. Esta cifra contrasta drásticamente con los apenas 220.000 millones de dólares destinados a proteger el medio ambiente.

El informe destaca que la gran mayoría de las inversiones dañinas provienen del sector privado, concentrándose en industrias como la energía, los materiales básicos y los servicios públicos. Por el contrario, casi el 90% de los fondos para la conservación de la naturaleza dependen de presupuestos públicos.

Un desequilibrio insostenible

Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), fue enfática al señalar que «no hay término medio» en esta crisis. Los puntos clave del informe detallan la magnitud del desafío:

  • Subvenciones perjudiciales: Sectores como los combustibles fósiles, la agricultura intensiva, el transporte y la construcción siguen recibiendo billones en subsidios que aceleran la degradación ambiental.
  • El peso del sector privado: Aunque la financiación pública para soluciones basadas en la naturaleza creció un 22% en el último año, el capital privado sigue mayoritariamente volcado hacia actividades que destruyen el capital natural.
  • Inversión insuficiente: El gasto en soluciones que protegen la naturaleza representa solo una fracción mínima frente a la inversión en su destrucción.

Hacia un «gran cambio en la naturaleza»

A pesar del panorama crítico, el informe de la ONU traza una hoja de ruta para revertir esta tendencia. Propone integrar la naturaleza en las infraestructuras viales y energéticas, ecologizar las zonas urbanas para combatir las islas de calor y fomentar la producción de materiales de construcción con emisiones negativas.

La organización hace un llamamiento urgente a una reforma financiera global que permita eliminar gradualmente las subvenciones dañinas y reorientar los mercados hacia inversiones «positivas para la naturaleza». El objetivo es que la recuperación del planeta se convierta en un motor económicamente viable y prioritario para el sector privado.