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En su mensaje para la Cuaresma de este año, el Papa León XIV invita a toda la Iglesia a vivir este tiempo como una verdadera oportunidad de conversión, poniendo nuevamente a Dios en el centro de la vida y dejando que su Palabra transforme el corazón y renueve la fe.

La escucha como camino de liberación

El Santo Padre recuerda que escuchar es el primer signo de apertura al otro. Dios mismo escucha el clamor de los oprimidos (Ex 3,7) y abre caminos de liberación. La Palabra nos educa para reconocer la voz de quienes sufren y nos interpela a responder con justicia y solidaridad.

El ayuno como ejercicio de justicia y humildad

El ayuno, práctica antigua y esencial en la vida cristiana, ayuda a ordenar los deseos y a despertar el hambre de justicia. San Agustín enseña que este hambre ensancha el corazón y lo prepara para la plenitud futura. El Papa subraya que el ayuno debe vivirse con humildad y fe, acompañado de la Palabra de Dios, e invita a una forma concreta de abstinencia: renunciar a las palabras hirientes, los juicios apresurados y las calumnias, cultivando la amabilidad en la familia, el trabajo, las redes sociales y la vida comunitaria.

Dimensión comunitaria de la conversión

La Cuaresma no es solo un camino personal, sino también comunitario. Parroquias, familias y comunidades religiosas están llamadas a vivir juntas la escucha y el ayuno, acogiendo el clamor de los pobres y de la tierra. La conversión se refleja en la calidad del diálogo, en las relaciones fraternas y en el compromiso con la justicia y la reconciliación.

El Papa exhorta a vivir una Cuaresma que afine el oído a Dios y a los necesitados, que transforme el lenguaje en palabras de esperanza y paz, y que convierta nuestras comunidades en espacios de acogida y liberación. De este modo, podremos contribuir a edificar la civilización del amor.

Este mensaje ofrece un marco espiritual y social profundamente pertinente para la misión de la REPAM, pues conecta la escucha del clamor de los pobres y de la tierra con la práctica cuaresmal, invitando a una conversión personal y comunitaria que fortalezca el compromiso con la justicia y el cuidado de la Casa Común.