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En el marco de la COP30, la Iglesia latinoamericana y caribeña alza su voz desde el corazón de la Amazonía, denunciando el colapso climático y el sufrimiento de los pueblos originarios. En palabras del padre Justino Sarmento Rezende, indígena tuyuka y sacerdote salesiano, “la tierra se desangra y clama por ayuda”. Esta expresión, cargada de dolor y esperanza, resume el sentir de quienes viven y defienden el territorio amazónico.

Desde el espacio “Fe por los Derechos”, impulsado por diversas organizaciones eclesiales, se reafirma que la crisis climática no es solo ambiental, sino también espiritual, ética y cultural. La Iglesia, como cuerpo profético, acompaña a los pueblos vulnerables y exige que los acuerdos internacionales reconozcan el valor de la vida en todas sus formas.

Un momento crucial para la historia de la Amazonía

La COP30 en Belém representa un momento histórico: por primera vez, el debate climático se sitúa en la Amazonía, bioma vital para el planeta y hogar de más de 400 pueblos indígenas. La Iglesia insiste en que no basta con compromisos técnicos; se necesita una conversión profunda que transforme estilos de vida, economías y políticas públicas.

El padre Dário Bossi, misionero comboniano y referente de la Red Iglesias y Minería, advierte que “la Amazonía está en riesgo de muerte” y que los pueblos originarios son los más afectados por el extractivismo, la contaminación y el desplazamiento. Frente a esto, la Iglesia propone una ecología integral que articule justicia social, cuidado de la creación y espiritualidad encarnada.

Denuncia, esperanza y compromiso

Durante los paneles y actividades paralelas, líderes eclesiales, indígenas y activistas han compartido testimonios de resistencia, dolor y esperanza. Se ha denunciado el incumplimiento de los compromisos climáticos, la falta de financiamiento para el Sur Global y la invisibilización de los pueblos amazónicos en las negociaciones oficiales.

La Iglesia, desde su misión pastoral y profética, reafirma su compromiso con la vida, la justicia y la paz. Como señala el padre Justino, “no podemos quedarnos callados mientras la tierra llora”. La COP30 es una oportunidad para escuchar ese clamor y actuar con valentía y compasión.