Caracas. Ante la sofocante sensación térmica y el horizonte blanquecino que se observa en el centro del país, han surgido dudas entre la ciudadanía sobre la calidad del aire. Sin embargo, la ciencia confirma que este fenómeno responde a dinámicas naturales del clima y no a los sismos registrados previamente en la región norte costera.
Valdemar Andrade, meteorólogo e investigador de la Estación Hidrometeorológica de la Universidad Central de Venezuela (UCV), aclaró que la calima presente en el ambiente obedece al polvo del Sahara, una masa de aire seco cargada de partículas minerales que cruza el océano Atlántico para alcanzar el territorio venezolano durante su temporada de lluvias.
¿Qué dice la ciencia sobre este fenómeno?
- Origen natural: Cada año, este evento sahariano atraviesa el Caribe impulsado por los vientos alisios, generando una bruma densa que reduce temporalmente la visibilidad y le da al cielo un tono opaco o blanquecino.
- Sin relación con los sismos: Ante la preocupación de que el polvo provenga de escombros por movimientos telúricos pasados, el especialista puntualizó que el volumen de partículas generado por derrumbes es un evento puntual y de corta duración, resultando insignificante frente a la magnitud de la masa gigante que viaja desde África.
- Duración: Las nubes de polvo del Sahara suelen incidir sobre la región norte costera por períodos de entre cinco y siete días, con densidades bajas que no ameritan alertas sanitarias extraordinarias.
Impacto ambiental y climático
A este panorama se suman los efectos de los incendios de vegetación registrados en distintas zonas del país, los cuales incrementan la concentración de humo y partículas en suspensión en la atmósfera antes de la llegada formal de las precipitaciones.
Desde la perspectiva climática, estas masas de polvo cumplen una función de doble efecto en la atmósfera: por un lado, absorben humedad restándosela a las ondas tropicales, lo que frena temporalmente la formación de nubes de tormenta densas; por el otro, recuerdan la interconexión de los ecosistemas globales y la importancia de monitorear de manera constante la calidad del aire que respiramos en nuestra casa común.