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Cada 20 de junio, el mundo conmemora el Día Mundial del Refugiado, una fecha que nos invita a mirar con humanidad y compromiso a quienes han sido forzados a dejar su tierra en busca de protección, muchas comunidades indígenas venezolanas que han tenido que dejar sus tierras, han encontrado refugio en Brasil, llevando consigo no solo sus heridas, sino también su sabiduría, su lengua y su cultura.

En tierras como la Comunidad Indígena Sorocaima, ubicada en la Tierra Indígena de São Marcos (Roraima), los pueblos warao, e’ñepa y taurepang han sido acogidos por comunidades hermanas brasileñas, especialmente por los taurepang, con quienes comparten lengua, raíces y vínculos ancestrales. Esta cercanía ha sido clave para una integración respetuosa, donde la cultura no se pierde, sino que se entrelaza.

 Rescate de la historia ancestral y patrimonio inmaterial de la farofa

En medio del desarraigo, la preparación de la farofa —plato tradicional a base de mandioca— se ha convertido en un acto de resistencia y memoria. Reunirse para cocinar no solo alimenta el cuerpo, sino que fortalece la identidad, el tejido comunitario y el diálogo entre pueblos. Es un gesto cotidiano que guarda una profunda carga simbólica: preservar lo que somos, incluso lejos de casa.

Gracias al enfoque de protección comunitaria de ACNUR, y en alianza con el gobierno brasileño y organizaciones locales, se han impulsado iniciativas que permiten a estas comunidades mantener sus prácticas culturales, acceder a medios de vida como la agricultura familiar y construir caminos de resiliencia. Sin embargo, los desafíos persisten: barreras lingüísticas, acceso limitado a servicios básicos y la necesidad de políticas más inclusivas siguen marcando el día a día de estas familias.

Hoy, más que nunca, reafirmamos que la cultura es refugio, y el refugio también puede ser cultura. Defender el derecho de los pueblos indígenas a vivir con dignidad, conservar su lengua y sus tradiciones, es también defender la Amazonía y su alma.

Desde REPAM Venezuela, abrazamos a quienes caminan en el exilio con la esperanza a cuestas. Que su resistencia nos inspire a construir comunidades más justas, solidarias y profundamente humanas.

Por supuesto, Dayana. Aquí tienes una oración inspirada en el texto, pensada para ser rezada en comunidad o de forma personal, como acto de acompañamiento espiritual:


Oración por los pueblos desplazados

Dios de la vida y del camino,
te presentamos a nuestros hermanos y hermanas que han debido partir,
dejando atrás su tierra, su hogar y sus raíces.
Tú conoces el peso del desarraigo y la herida del exilio.

Acompaña a quienes caminan con el corazón roto
y las manos vacías, pero llenas de esperanza.
Que encuentren comunidades que los acojan con ternura,
como hicieron los taurepang en Sorocaima,
tejiendo fraternidad desde la cultura compartida y la fe viva.

Bendice sus gestos cotidianos:
el fuego encendido, la farofa compartida,
las palabras en su lengua que resisten el olvido.
Haz que estos signos se conviertan en semillas de dignidad,
de consuelo, de futuro.

Que tu Iglesia sea siempre frontera abierta,
pastoral encarnada, abrazo que no juzga ni abandona.
Y que la justicia brote desde la tierra que los recibe,
para que nadie más tenga que huir para vivir.

Amén.