En vísperas de la COP30, que se celebrará en Belém (Brasil) en noviembre, un nuevo informe de la Alianza Global por el Clima y la Salud alerta sobre el impacto devastador de los combustibles fósiles en la salud humana y exige una transición rápida y justa hacia energías renovables accesibles y asequibles para todos.
El documento, titulado “De la cuna a la tumba: el costo en salud de los combustibles fósiles y la necesidad imperiosa de una transición justa”, revela que la contaminación derivada de estos combustibles afecta cada etapa de la vida —desde el desarrollo fetal hasta la vejez— y genera enfermedades persistentes y sistémicas, especialmente en comunidades vulnerables.
El legado tóxico de los fósiles
Entre los hallazgos más alarmantes del informe se destacan:
- Aumento del riesgo de nacimientos prematuros o con malformaciones.
- Mayor incidencia de asma, bronquitis, alergias e infecciones respiratorias.
- Elevado riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y cáncer en la edad adulta.
- Persistencia de contaminantes en el aire, el agua y los cuerpos humanos durante décadas.
Además, se denuncia que los subsidios globales a los combustibles fósiles alcanzan los 7 billones de dólares, incluyendo daños no pagados a la salud, el ambiente y la sociedad.
COP30: el momento de actuar
La directora ejecutiva de la Alianza, Jeni Miller, instó a los gobiernos a frenar nuevos proyectos de petróleo, gas y carbón, eliminar progresivamente los existentes y redirigir los 1,3 billones de euros en subsidios directos hacia salud pública, energía limpia y protección de comunidades afectadas.
“La COP30 es el momento de actuar, no solo por el clima, sino por la salud y el futuro de las personas”, afirmó Miller.
Desde REPAM, reafirmamos que la transición energética no puede ser solo tecnológica: debe ser ética, inclusiva y centrada en las personas. Las comunidades amazónicas, indígenas y rurales no pueden quedar al margen de esta transformación.
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