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Desde Belém, corazón de la Amazonía, la exjefa de la CMNUCC reflexiona sobre los avances y desafíos del liderazgo climático global, destacando el papel de Brasil y los pueblos indígenas en la defensa del bosque tropical.

A diez años del Acuerdo de París, la COP30 se celebra en Belém, Brasil, marcando un hito histórico: es la primera vez que una conferencia climática global se realiza en un punto de inflexión ecológica tan crítico como la Amazonía. Para Christiana Figueres, arquitecta del acuerdo de 2015, esta decisión representa un acto de valentía política y una señal poderosa de que el mundo comienza a reconocer el papel central de la naturaleza y de los pueblos indígenas en la lucha contra el cambio climático.

Figueres, quien hoy recorre los pasillos de la COP como observadora y productora de pódcast, destaca que la economía global se está descarbonizando más rápido de lo previsto. “Nos estamos moviendo de forma exponencial, no lineal”, afirma, aludiendo tanto al avance de las energías limpias como al aumento alarmante de los desastres climáticos.

En entrevista con DW, la diplomática costarricense celebró que China haya estabilizado sus emisiones en los últimos 18 meses, y que la capacidad solar instalada hoy sea quince veces mayor que la proyectada en 2015. Sin embargo, advierte que las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) aún están lejos de lo necesario: apenas un 12% de reducción para 2035, cuando deberíamos superar el 50%.

La COP30 también pone en evidencia el liderazgo femenino en los procesos climáticos. Figueres recuerda cómo mujeres como Laurence Tubiana, Izabella Teixeira y Mary Robinson marcaron la diferencia en París y otras cumbres, aportando una visión colaborativa y de largo plazo. “Queremos una secretaria general de la ONU”, afirma, convencida de que las mujeres tienden a pensar más en las generaciones futuras.

Sobre Brasil, Figueres no escatima elogios: “Traer la COP a Belém fue una decisión valiente, especialmente considerando las limitaciones de infraestructura. Pero es una señal política poderosa: situar a la Amazonía en el centro de la conversación global”. Además, destaca el impulso del Fondo Bosques Tropicales para Siempre, con 5.500 millones de dólares destinados a la protección forestal, y la participación de más de 5.000 representantes indígenas en esta edición.

Finalmente, Figueres subraya que el liderazgo climático ya no proviene exclusivamente de los gobiernos nacionales. Hoy son las ciudades, regiones, empresas y comunidades quienes marcan el ritmo del cambio. “Los Estados deben acompañar, respaldar y rendir cuentas, mientras otros actores impulsan el progreso desde abajo”.