Durante su intervención en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), el arzobispo Gabriele Giordano Caccia, Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU, reafirmó el llamado a redoblar los esfuerzos globales para erradicar la pobreza, superar las desigualdades y promover un desarrollo verdaderamente humano e integral.
Desde Nueva York, el prelado recordó que la fundación de la ONU se basó en principios esenciales —la protección de los derechos humanos, la paz, la cooperación internacional y el progreso compartido— que, ochenta años después, siguen siendo indispensables frente a los desafíos actuales. Afirmó que “cada acción debe defender la dignidad divina de la persona humana y promover la solidaridad entre las naciones”.
Agenda 2030: desafíos persistentes
A una década de su adopción, los Objetivos de Desarrollo Sostenible aún enfrentan grandes obstáculos. El arzobispo Caccia lamentó que millones continúen viviendo en pobreza extrema, sin acceso digno a educación ni salud. Subrayó que el desarrollo no se limita al crecimiento económico, sino que implica crear condiciones para que todos —especialmente los más vulnerables— puedan prosperar en plenitud espiritual, social y material.
Superar las desigualdades con esperanza compartida
En su discurso, Caccia evocó el reciente llamado del Papa pronunciado ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, instando a superar las brechas entre la opulencia y la miseria que fracturan la humanidad. “Ha llegado el momento de dejar atrás los conflictos y emprender un nuevo camino —afirmó el Santo Padre— convencidos de que podemos construir juntos un mundo en el que todos vivan con autenticidad, justicia y paz.”
Construir juntos desde la base: la familia y la educación
La Santa Sede reiteró su apoyo a una renovación profunda de la cooperación multilateral, arraigada en los valores fundacionales de las Naciones Unidas. Para lograr un cambio transformador, se requiere un compromiso sostenido guiado por el diálogo, el respeto y el bien común. Invertir en las familias, garantizar educación y salud accesibles y de calidad son pilares indispensables para que la sociedad florezca.