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Un reciente estudio basado en datos satelitales revela que la pérdida de cobertura vegetal en la región amazónica está alterando drásticamente el ciclo hidrológico y térmico. Las zonas que cuentan con menos del 40% de bosque están experimentando un aumento significativo en las temperaturas y una caída de hasta el 25% en las precipitaciones durante la temporada de sequía.

La transformación del paisaje, impulsada por la deforestación, rompe el equilibrio climático regional. Esto afecta directamente la disponibilidad de agua y la frecuencia de las lluvias, variables críticas para ecosistemas y actividades humanas en toda la cuenca, incluyendo el sur de Venezuela.

Impacto en las variables climáticas

La investigación, publicada en Communications Earth & Environment, analizó datos entre 2013 y 2021. Los resultados son contundentes: las áreas más afectadas presentan un clima que empieza a asemejarse más a una sabana que a una selva tropical.

  • Aumento térmico: En regiones con menos del 40% de bosque, la temperatura superficial durante la estación seca (que en nuestro contexto coincide con los meses de julio a noviembre) es, en promedio, 4 °C superior a la de las áreas conservadas.
  • Déficit de lluvias: El proceso de evapotranspiración —vital para la formación de nubes— se redujo en un 12%. Esto se traduce en aproximadamente 11 días menos de lluvia al año y una reducción del 25% en el volumen de agua caída durante el período seco.

Relevancia para el contexto venezolano

Aunque el estudio destaca datos generales de la cuenca, las implicaciones para Venezuela son directas. La Amazonía venezolana, fundamental para la regulación del clima nacional, enfrenta riesgos similares debido a la actividad minera y la degradación forestal.

La disminución de las lluvias en estas latitudes no solo afecta la biodiversidad, sino que impacta la resiliencia de sectores estratégicos. La ciencia sugiere que mantener al menos un 80% de cobertura forestal es el umbral de seguridad para evitar cambios irreversibles en el clima regional.

Riesgos y el futuro de la región

Los expertos advierten que este escenario de mayor calor y menor humedad eleva la mortalidad de los árboles y aumenta la incidencia de incendios forestales, creando un círculo vicioso de degradación.

Luiz Aragão, investigador del INPE, señala que este debate debe trascender lo ambiental: «Necesitamos una visión de desarrollo nacional con acciones coordinadas». Por su parte, la FAO ha reiterado que los bosques no son enemigos de la producción agropecuaria, sino aliados indispensables para garantizar la humedad del suelo y la estabilidad de las cosechas.

La restauración de la estructura forestal se presenta como la vía principal para recuperar servicios ecosistémicos esenciales, como la regulación de la temperatura y la retención de carbono, fundamentales para mitigar los efectos del cambio climático en nuestra región.