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La Amazonía, el mayor bosque tropical del planeta, es mucho más que un regulador climático global: es fuente de alimento, biodiversidad y sabiduría ancestral. En sus entrañas habitan millones de personas que dependen directamente de sus ríos, suelos y bosques para vivir, entre ellas comunidades indígenas que, por generaciones, han cultivado prácticas sostenibles de manejo territorial y cuidado de la naturaleza.

Reconocer, proteger y fortalecer estos sistemas agroalimentarios tradicionales es clave para enfrentar los desafíos del hambre y la emergencia climática. Esta visión fue el eje central de los debates durante la Semana de la Amazonía: Desarrollo Rural Sostenible y Sistemas Agroalimentarios, celebrada en Manaos y convocada por el Gobierno de Brasil junto a la FAO.

Durante tres días, representantes de gobiernos, organismos internacionales, pueblos indígenas, campesinos y organizaciones de la sociedad civil se reunieron para reflexionar sobre el papel estratégico del bioma amazónico en la transformación rural inclusiva y la construcción de modelos de desarrollo que respeten la vida, la cultura y el territorio.

Derecho a la alimentación

“Nuestro deber como Estado brasileño es garantizar el derecho humano a la alimentación”, dijo la secretaria de Seguridad Alimentaria del MDS, Lilian Rahal. La cooperación Sur-Sur fue otro de los ejes de la cita. Autoridades brasileñas y de la FAO resaltaron casi dos décadas de trabajo conjunto en políticas de nutrición y combate al hambre, que han servido de modelo en el Sur Global.

El embajador Ruy Pereira, director de la Agencia Brasileña de Cooperación, subrayó que la Amazonía “desempeña un papel estratégico” en la lucha contra el hambre y la protección de la biodiversidad.

Entre los foros paralelos destacaron la Reunión Especializada sobre Agricultura Familiar del Mercosur (REAF), centrada en políticas diferenciadas para pequeños productores, y el Diálogo Técnico Regional sobre Bioeconomía Amazónica, con participación de gobiernos, bancos de desarrollo, empresas y líderes indígenas. 

Hoja de ruta regional que abarca seis áreas clave:

  • mercados y comercialización
  • contratación pública de alimentos
  • vínculo entre clima y sistemas agroalimentarios
  • economía circular,
  • financiamiento e inversión
  • gobernanza

Con ello, Brasil y la FAO buscan proyectar la Amazonía como un espacio de cooperación e innovación, vital para enfrentar la inseguridad alimentaria y el cambio climático a nivel global.

En resumen, durante esta Semana de la Amazonía se destacó la necesidad de avanzar hacia sistemas agroalimentarios sostenibles, capaces de producir alimentos sin destruir los ecosistemas. Así, dejó de ser vista solo como una reserva natural, para posicionarse como un actor central en los debates internacionales sobre clima, alimentación y sostenibilidad. Recordemos que a nivel mundial, casi 700 millones de personas pasan hambre. ECOticias.com